15 de gener del 2017

EX OFICIAL DE LAS SS NARRA LAS MASACRES DEL TERCER REICH

Jonathan Littel
Las benévolas
Traducción: Maria T. Gallego Urrutia
RBA Publicaciones
Barcelona, 2012
ISBN:978-84-9006-177-0
Pàginas: 1200 p

Sinopsis
Las benévolas (Les Bienveillantes) es una novela de ficción histórica escrita en francés por el estadounidense Jonathan Littell. Narra la vida de un ex oficial de las SS alemanas que colaboró a llevar a cabo matanzas durante el Holocausto. El libro ha sido galardonado con dos de los más prestigiosos premios literarios franceses: el Grand Prix du roman de l’Académie française y el Prix Goncourt el 2006. Las Benévolas es la primera novela escrita en francés por Jonathan Littell, que ya había publicado con anterioridad un libro de ciencia ficción titulado Bad Voltage, en 1989.
El libro es una autobiografía ficticia que describe la vida de Maximilian Aue, un ex oficial de las SS que décadas después narra la historia de una parte crucial de su vida: cuando fue un miembro activo de las fuerzas del Tercer Reich. En la novela, Aue acepta su responsabilidad por su participación en las masacres de judíos, pero la mayor parte del tiempo se siente más un observador que un participante.
Las Benévolas está dividido en siete capítulos, cada uno con el nombre de una danza barroca, siguiendo la secuencia de la Suite de Bach. La narrativa de cada capítulo está influida por el ritmo de cada danza.

Frases del autor
«En realidad, también podría no haber escrito. Bien pensado, no es una obligación. Desde que se acabó la
guerra, he sido un hombre discreto; gracias a Dios, nunca he necesitado, como mis ex colegas, escribir mis memorias para justificarme, porque no tengo nada que justificar; ni tampoco con intenciones lucrativas, porque me gano la vida bastante bien con lo que hago. [...] No estoy arrepentido de nada; hice el trabajo que tenía que hacer, y ya está; en
cuanto a mis asuntos familiares, que a lo mejor cuento también, sólo me importan a mí y, en lo que refiere a lo demás, hacia el final, es muy posible que me haya excedido, pero es que estaba ya un tanto fuera de mis casillas, flaqueaba y, encima, a mi alrededor el mundo entero se venía abajo; admitid que no fui el único que perdió la cabeza. [...] Pese a mis fallos, que han sido muchos, no he dejado de ser de esos que opinan que las únicas cosas indispensables para la existencia humana son respirar, comer, beber, defecar y buscar la verdad. El resto es facultativo».


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